LOS SERES GRISES, un cuento sobre el arte de sentir.



Dedicado a los que pintan colores en los grises de otros
por Macarena Laneve Quiroga

Esperanza, pintado por Macarena
Ellos eran así, de cuerpo gris y caras frías, callados, serios y solitarios.

Aunque estuvieran cerca de otros de su misma especie, no se relacionaban… Seguían con su silencio, sus ojos vacíos y no sabemos si la pasaban bien o mal. Así vivieron muchos años.

Un día, igual a otros pero definitivamente diferente, apareció un intruso, un visitante curioso que por casualidad y distracción, se detuvo en un rinconcito de su mundo a contemplarlos.
Se trataba de un pájaro. Y como los pájaros vuelan, son los seres que más cosas han visto en la tierra y en el cielo; son muy buenos observadores y por ello, aprenden todo el tiempo. Tienen la sabiduría de todo viajero y el buen humor de quien anda por la vida sintiendo la libertad.

Resulta que este pajarito al que llamaremos “Salvador”, notó algo muy raro en esas personas grises. Se dió cuenta que a diferencia de otra gente que había conocido, éstas no manifestaban ninguna emoción. Todos los días eran iguales y nada parecía entusiasmarlos ni entristecerlos demasiado.
Pensó y pensó cómo podría ayudarlos hasta que tuvo una idea…

Viajó un poco y volvió pero trajo en su valija, pinturas de todos los colores. Entonces, pintó muchos cuadros para mostrarles los sitios más bellos en los que había estado; también les cantó canciones con historias de diferentes países…

Lo miraban fijo y nada decían.

Sin perder la esperanza, decidió bailar y bailar mucho, y en ese alboroto de alas y colores, salpicó un poco a un muchacho gris que ahí estaba. Luego se posó en el hombro de una joven y le dejó sus huellitas pintadas. Así, poco a poco fue contagiando de color a las personas grises y descubrió que cada color nuevo, despertaba un poquito más sus ojos, sus bocas, sus brazos, sus pies.

Y así fue que este testarudo y soñador pajarito, fue regalándoles la posibilidad de sentir a través de los colores.

Los ojos, ya no grises, sino azules, verdes, marrones, amarillos, violetas… brillaban de alegría, de pena, a veces, ¿por qué no? Sus bocas, ya no grises, aprendieron a expresar emociones, sentimientos, ideas, palabras, aprendieron a cantar, a gritar, a besar.
Y sus cuerpos, ya no grises, andaban por el mundo, saltando, bailando, cambiando de color todo el tiempo.

Por ejemplo, cuando se divertían, se ponían radiantes como el sol, luminosos, amarillos; cuando se enojaban, cosa que a todos de vez en cuando nos pasa, se volvían colorados, rojos furiosos; cuando se sentían optimistas, en paz, serenos, vestían de verde y cuando la angustia y la amargura lloraban, se acomodaba el azul en sus corazones. La duda, los vestía de violeta, la timidez y la vergüenza, de rosa… y así cada nueva sensación se pintaba de un color.

Los hombres y mujeres grises comenzaron a sentir y eligieron tener nombres y una vida que aunque no siempre era feliz, era verdadera, única y llena de oportunidades para ser.

Ellos y Salvador se siguieron viendo y esta historia recorrió el planeta en los cantos del pájaro ayudando a despertar a todos los grises y animándolos a vestirse de emoción.

Vos… ¿te animás a vestirte de colores?


Texto y pintura por Macarena Laneve Quiroga.

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