Ser madre


Llevaba tiempo queriendo escribir sobre la maternidad y no encontraba la manera de enfocarlo. Ha sido tropezarme casualmente con esta bella pintura de Klimt, que muestra una madre con su hija en actitud amorosa y serena, la que me ha inspirado y me ha hecho encontrar las palabras necesarias para expresar cómo siento la maternidad y cómo me planteo la crianza de mi hijo: como quien crea una obra de arte, con amor, respeto y cuidado. 

Tener un hijo supone un privilegio y también una gran responsabilidad. 
Transitar el camino de la maternidad no es tarea fácil, y más siendo madre por primera vez; no soy especialista en educación, tampoco nos han marcado en la escuela unas pautas sobre "cómo ser padres", ni lo ya tan repetido, "los niños no vienen con manual de instrucciones", pero la gran verdad es que... no hace falta manual! con tu propia escucha y tu instinto es posible, no hace falta más! 

A ser madre se aprende siéndolo

Un cuadro colgado de una pared de mi colegio decía: los niños aprenden lo que viven. Esta frase se me quedó grabada para siempre, por eso, el mejor regalo que le puedo dar como madre es favorecer el espacio necesario para que se desarrolle.
Prestar atención a su bienestar, tener presencia en su vida y ofrecerle tiempo de calidad son factores importantes, pero además para mí es primordial cuidar su espacio emocional y transmitirle mis valores con honestidad. Crear un vínculo fuerte y conectado para que crezca feliz y en armonía, ofrecerle mi Ser de una manera natural y auténtica y ayudarle a que vaya construyendo su propia identidad.

Es un largo camino el que tiene por delante, todo por hacer, todo por aprender, todo por experimentar... y en mi compromiso por acompañarle de la mejor manera me planteo su educación y crianza como una combinación de ser y estar, empezando por desarrollarlo de manera que aún a su corta edad pueda entender, fundamentalmente compartiendo juegos, risas, besos, abrazos, palabras, experiencias...

Dice una conocida frase: la manera en la que hablas a tus hijos se convertirá en su voz interior; estoy totalmente de acuerdo, dialogar es el primer paso para construir una relación saludable. Lo que les digamos les va a quedar grabado a fuego. Será la voz de su conciencia. De nosotros depende que esa voz sea fuerte, para que se apoye en ella en momentos de flaqueza y no sea movido como una marioneta en manos de un destino caprichoso. Echándole un poquito de imaginación, visualizo esa voz interior como un pepito grillo sobre mi hombro ;)

Si bien es cierto que ahora que todavía es pequeño, la constante demanda de atención que me solicita a veces me agota, también es verdad que con paciencia y muuuucho empeño, trato de caminar en la dirección que considero adecuada para encontrar los recursos emocionales necesarios para guiarle mejor en su camino. Está visto que la tarea de educarle se está convirtiendo también para mí en una magnífica oportunidad de desarrollo y crecimiento personal, muy motivadora y retadora.

Mi propuesta para educar sus emociones es enseñarle a sentirse, a escucharse, a que experimente... abrir la compuerta a su pequeño océano de sentimientos, emociones y afectos, de manera que se convierta en una persona con un buen contacto interior y emocionalmente fuerte:

- que se ame y se respete a sí mismo, a su esencia, a sus propias ideas.
- que tenga centro en sí mismo y que a la vez sea empático, que mire dentro y fuera pero que aprenda a digerir las experiencias que toma del exterior y las sepa filtrar adecuándolas a su manera de sentir.
- que adquiera seguridad y autonomía, que no dependa de los demás sino que sea autodependiente (que no autosuficiente)
- que tenga una mentalidad abierta, flexible ante los desafíos de la vida.
- que aprenda a pensar con espíritu crítico, que se cuestione lo que ve, oye, percibe, y a no tragarse los mandatos sin digerirlos.
- enseñarle que se puede equivocar una y otra vez y alentarle a que lo vuelva a intentar.
- a que juzgue él mismo si lo que hace está bien o mal y no ponga el juicio fuera.
- a pedirle disculpas cuando me equivoco con él, de manera que vaya integrando el valor de la humildad.
- que aprenda a apreciar las pequeñas cosas de la vida, un paseo por el campo, una caricia, improvisar una canción... y no se centre en lo material.
- ponerle límites para que aprenda que no puede conseguir todo lo que quiera o que debe esperar para conseguirlo. Esto le da fortaleza y le prepara para sobrellevar las frustaciones
- ayudarle a que descubra sus propios sueños y encuentre los caminos necesarios para realizarlos.
- en definitiva, que se convierta en un joven despierto y un adulto íntegro.

Estos son mis deseos para con él. Me encanta la idea de ayudarle a ser la persona que él quiera ser, desde el respeto, la libertad y el amor que le tengo.

Al fin y al cabo, ¿quién no quiere lo mejor para sus hij@s?



Imagen 1: Las tres edades de la mujer de Gustav Klimt (1905)
Imagen 2: fuente, Google


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