Nuestro niño interior y su vuelta a casa

Criemos niños que no necesiten recuperarse de sus infancias- Pam Leo

Todos sabemos que uno de los derechos del niño es permitir que se desarrolle plenamente. No solo permitirlo, sino también respetarlo es básico para que alcance su máximo potencial. ¡Gran responsabilidad la que tenemos los padres y educadores!

Diversos estudios demuestran que durante los 7 primeros años de vida se constituye la base a partir de la cual se crea al futuro adulto, por lo que las etapas iniciales son clave en su desarrollo.

Hoy aquí no voy a hablar de nuestros niños, es decir, de nuestros hijos biológicos, sino de nuestro propio niño, el que todos los adultos llevamos dentro, ese niño que fuimos y que aún habita en nosotros...  y lo hará siempre. Nuestro niño/a interior. 

¿Imaginas la cara de ilusión de tu hijo al recibir una carta de Papá Noel?

Tienes una carta
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Imagina por un momento que vas a recoger el correo y te encuentras una carta diferente que destaca entre todas las demás.

El sobre es elegante y precioso, de mucha calidad, con colores vibrantes y decoración navideña, y el destinatario es TU HIJ@.

Piensas: ¡qué raro! no suele recibir cartas, ¿de quién será?

Vas corriendo a entregársela y la recibe con mezcla de nerviosismo y extrañeza.

¡Es la primera carta que recibe en su vida!

Y se pregunta: ¿de quién será? en el sobre pone mi nombre, mi dirección... ¿qué pondrá?

Los niños son un espejo frente a nuestra propia infancia

Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es una maravilla -
Gilbert Keith Chesterton

A veces, sin quererlo, nos encontramos con personas-espejo con las que obtenemos enseñanzas esenciales aunque nuestro contacto sea mínimo. Puede ser que aprendamos más de quien menos esperamos y se convierta un legítimo maestro en el camino. O que otro alguien, sabio también, nos haga salir de las tinieblas para tener una mirada más comprensiva y empática hacia nuestra propia vida y la de los demás.

Me estoy refiriendo a los niñ@s.

Diseñando el cambio. Por un mundo mejor para nuestros hij@s

Sé el cambio que quieras ver en el mundo - Gandhi

Este post nace de la convicción y de la ilusión de que con una buena educación emocional a nuestros hijos el cambio llegará y el mundo podrá ser diferente, mejor.

Dándoles lo que somos, lo que tenemos y lo que les podemos dar, podremos habitar espacios diferentes basados en el respeto y la tolerancia hacia los demás.


Todos somos maestros de todos, tanto los niños como los adultos, y juntos podemos transformar nuestro presente para que su futuro sea lo más sano y equilibrado posible.
Fomentar en casa espacios para el diálogo, la cooperación, la diversión, las emociones... darán lugar a ese nuevo mundo que todos queremos vivir.


3 retos para una maternidad sana

    La felicidad es el resultado de elegir lo que se es.
A veces la maternidad me pone del revés y se me hace cuesta arriba educar a mi hijo. Otras, disfruto de él como nadie y me tomo mi buen tiempo junto a él para fortalecer nuestro vínculo y sentirnos en conexión y armonía. ¿A qué madre no le pasa esto?

Desde que he aprendido a acompañar a mi hijo en su camino, a transitar juntos las emociones, a relacionarme con él de una manera más cercana y más dialogada, funcionamos en casa de otra manera, más fluida, más sana.

Lidiar con nuestras propias emociones no es nada fácil, lleva tiempo y esfuerzo. Y más complicado es cuando tenemos que tratar con las de nuestros hijos. Porque las de uno se ponen frente a las del otro, y, o ponemos consciencia en el momento o se desata una guerra en la que ambas emociones se enzarzan y explotamos.  

En mi caso, mi hijo me refleja muchos aspectos de mi misma a los que tengo que prestar atención y después de pasar tiempo analizándolo me doy cuenta de que sirve para reconocer el error, asimilar la experiencia, aceptarla y avanzar.
Y con ese aprendizaje bajo el brazo podemos llegar a otro punto distinto.  
Aunque a veces salten conflictos, y es normal que los haya, otros momentos son de calma y disfrute.